¿De quién es la calle? ¿De quién los edificios y la infraestructura que la limitan? ¿De qué manera convergen los espacios públicos y los privados en las ciudades contemporáneas? Un arquitecto, el español Santiago Cirugeda, ha reavivado la discusión alrededor de estas preguntas en los últimos años. Con la crisis de su país no sólo han cobrado mayor pertinencia sino carácter de urgencia: no es casualidad que de las burbujas inmobiliarias surjan los okupas, la arquitectura no solicitada y la autoconstrucción. Una respuesta no sólo social, sino económica y política.
¿Qué hay de la ciudad de México? “Hay una costumbre innata de los habitantes de esta ciudad, de apropiaciones, de ocupación del espacio. Lo ves a diario (sobre todo si eres ciclista o peatón y te involucras de lleno con la calle): desde el restaurantero que se extiende en las banquetas hasta el franelero que, con dos botes, monta un negocio. No tiene relación con la clase o los estratos sociales. Son formas de ocupar el espacio, de manera ilegal en algunos casos, pero no del todo ilegítimas; mediante cambios en los mecanismos de regulación las condiciones de legalidad o ilegalidad pueden transformarse”. Quien habla es Jesús López, miembro del colectivo Somos Mexas que, durante agosto y septiembre, organiza el taller Estrategias subversivas de ocupación urbana, en colaboración con Cirugeda. Las características de nuestra ciudad obligan a replantear las nociones que el español sugiere en sus Recetas Urbanas: “nuestra ciudad es un ente en constante transformación, resultado de distintos factores: de edificios, pero también de flujos. Es un objeto en mutación, a tal grado que las rutinas no lo son tanto. La urbe necesita de vertientes distintas; nuestra labor como arquitectos es encauzarlas mediante procesos de apropiación”.
Para ello, el colectivo estableció “seis situaciones urbanas” a realizarse en torno a Atea, su espacio de trabajo en La Merced. “El barrio ha sufrido varias transformaciones en los últimos años: se peatonalizaron algunas calles, se renovaron monumentos, edificios históricos. En general, ha mutado de manera favorable. Las situaciones del taller responden a eso, al reconocimiento de estos y otros espacios. Identificamos seis puntos en la zona que tienen una situación muy particular; no es lo mismo la salida del metro que la plaza del Aguilita, ahora con una alta actividad cultural, o una calle cerca de un módulo de la policía. El objetivo es que los participantes del taller detecten las particularidades de cada situación y, a partir de ellas, propongan un objeto de arquitectura efímera, un artificio; respuestas a la dinámica del barrio. Las soluciones dependerán de las ideas de los participantes del taller, con ayuda de algunos invitados que conocen muy bien el lugar y su historia. Puede tratarse de una biblioteca semipública, un estacionamiento para diablitos o una escultura para niños. Pequeños gestos en algunos rincones del barrio”.
Pero ¿es esto lo que nos queda: los intersticios de la ciudad? “De entrada, es lo que tenemos. Afortunadamente, en los últimos años es evidente que hay organizaciones más preocupadas por la ciudad, que se oponen a las grandes infraestructuras de los políticos o a los intereses privados de algún desarrollador, quienes desconocen lo que un edificio puede significar para la ciudad: como icono, como proyecto, como agente de transformación”. ¿Qué valores reivindicar ante ellos? “Todos aquellos que luchan contra la lógica de la mayor cantidad de metros cuadrados vendibles, es decir, del lucro”, sentencia el arquitecto por la UNAM. Para Somos Mexas (colectivo en el que también trabajan Víctor Acoltzi, Héctor López, Yareth Silva y Gabriela Sisniega), la Merced funciona, entonces, como un pequeño laboratorio de la ciudad.
Además de las Estrategias subversivas han organizado talleres como Memoria y territorio, en colaboración con Pablo Martínez. “En él se buscaba reconocer e identificar el territorio a través de la memoria. Se caminaba por las calles del barrio y se dibujaba su perfil a partir de lo que se asimilaba en cada experiencia. Había diferentes reacciones: al caos vial, a las prostitutas, al peligro. Los agentes se asimilan de diversas formas, de acuerdo con la percepción individual pero también con el imaginario urbano, con las ideas que nos hemos hecho de esta zona de la ciudad” tan simbólica para el Centro Histórico, la ciudad e incluso, como especifica López, para el país entero. “La economía de La Merced es muy activa y tiene un potencial muy grande. Los intercambios comerciales son tan importantes que también reconfiguran las formas de habitar del propio barrio. El centro ya no es tan habitacional, aunque a últimas fechas se trate de revertir esta dinámica. Los edificios se convierten en bodegas y las calles son completamente comerciales. Incluso la prostitución de la zona es un síntoma de esta actividad comercial tan grande”.
Somos Mexas ha afrontado todas estas dinámicas con un aliado recurrente en varios puntos de la ciudad, pero ausente, casi por completo, en La Merced: el arte contemporáneo. “Los escarceos con distintas disciplinas, como el arte, su involucramiento en los proyectos, puede ser un factor muy interesante para el surgimiento de ideas. No nos interesa simplemente resolver problemas técnicos. En la relación entre el arte y la arquitectura se reivindica la interacción del usuario con el espacio”. Desde ésta pueden seguirse inventando estrategias para apropiarse de la urbe, para devolverla a la comunidad.







Felicidades por este articulo que resulta mas que otra cosa motivo para que las propuestas no solo sean llevadas a la practica por quienes habitan la ciudad sino por quienes la visitamos y hagamos nuestras estas formas de vida en el lugar que habitamos, tan simple como el hecho de utilizar la bicicleta como medio de transporte ya que al hacerlo no solo nos beneficiamos a nosotros mismos sino tambien a los que nos rodean, aunque a veces resulte que muchos lo vean como un algo que los perjudica y no todo lo contrario cambiar esa mentalidad es el verdadero reto FELICIDADES…